"A mis amados hermanos" -Introducción a la carta de Santiago- (8 de Septiembre de 2019) 
      Texto: Santiago 1:1-2; 2:1,5,14; 3:1,12; 4:11; 5:9-10
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"MENSAJE A MIS HERMANOS AMADOS"   Basado en la carta de SANTIAGO
Predicaciones - Santiago, "Mensaje a mis hermanos amados"
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Pastor: Rubén Sánchez
"...y le puso por nombre Eben-Ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová" (1ª Samuel 7:12)
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       La epístola de Santiago fue, según Martín Lutero, “una epístola de paja”.  Ahora bien, las palabras de Lutero deben contextualizarse dentro de la batalla que el reformador estaba lidiando en cuanto a la justificación por la sola fe en Cristo. No cabe duda alguna que, la epístola escrita por el hermano de Jesús, no es ni mucho menos una “epístola de paja”. Como cualquier otro libro que conforma el canon bíblico, Santiago es una epístola divina, toda ella inspirada por Dios y, por tanto, parte de la regla de fe y conducta de la iglesia de Cristo. Siendo así, la carta de Santiago ha sido y sigue siendo una de las más apreciadas entre los creyentes debido a su elevado carácter práctico para la vida cristiana y su magistral uso de ilustraciones. ¿Quién no está familiarizado con la imagen de la lengua como un fuego? o ¿con la imagen de la imposibilidad que una fuente eche agua dulce y amarga por la misma abertura? ¿Quién no ha leído y releído la frase “hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” cuando las pruebas han asaltado nuestra vida?


       A lo largo de su carta, el apóstol Santiago repite las expresiones “hermanos míos”, “hermanos míos amados” encapsulando en ellas el mensaje que el apóstol quiere comunicar a aquellos creyentes dispersos. Un mensaje que nos llega igualmente a nosotros, la iglesia del siglo XXI para consolarnos y exhortarnos. Un “mensaje a mis hermanos amados” que, a través de las palabras inspiradas del apóstol, nos enseñará a cómo afrontar las pruebas y tentaciones en nuestra vida. Nos mostrará como una fe que justifica es una fe que debe producir obras para el bien del hermano. Nos alertará sobre el dañino efecto de una lengua murmuradora, criticona y tóxica. Nos hablará de la importancia de no hacer distinción alguna entre hermanos en la congregación en cuanto a clase social y nivel económico. Nos mostrará la importancia de la sabiduría que viene de lo alto en nuestra vida de creyentes. En definitiva, un “mensaje a mis hermanos amados” que nos ayudará a crecer en nuestra vida de creyentes y de congregación a la imagen de nuestro Señor Jesucristo.