Devocional Semanal - Pastor Rubén Sánchez
"...y le puso por nombre Eben-Ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová" (1ª Samuel 7:12)
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PARA QUE PERMANEZCA
LA VERDAD DEL EVANGELIO


“a los cuales ni por un momento accedimos a someternos a ellos,
para que la verdad del evangelio permaneciese entre vosotros”
(Gálatas 2:5)
       En una sociedad postmoderna donde no existe la verdad absoluta es muy fácil no preocuparse por mantener la verdad. La no existencia de una verdad absoluta hace que, no solamente cada uno pueda tener su propia verdad, sino que también no haya verdad la cual mantener. ¿Qué verdad debe mantenerse? Si la verdad cambia de la noche a la mañana ¿qué necesidad hay por mantener la verdad? ¿Por qué quemarse para retener la verdad cuando en último termino ésta no existe? Ahora bien, si la verdad absoluta existe, si hay una verdad absoluta de primera y vital importancia, entonces, sí que es necesario luchar por ella. Se hace entonces motivo de necesidad primaria el no someterse a aquello que puede poner en peligro la verdad. Como iglesia de Cristo somos aquellos que tenemos la verdad absoluta. Ciertamente decir esto en una sociedad postmoderna es postular un clamor que hoy en día no se acepta, mas bien se tilda de arrogante y presuntuoso, ¿quiénes somos nosotros para poder abogarnos el magisterio de la única verdad? Pero la cuestión no es tanto quien somos nosotros sino lo que Dios ha querido hacer. Conocemos la verdad no por ser mejores sino porque Dios la ha revelado y fue su gracia soberana la que nos capacitó para entenderla y creerla. Siendo así, la pregunta es ¿dónde encontrar esta verdad? La respuesta es amplia pero para el pueblo de Dios salvado en Cristo, la verdad se encuentra focalizada y concentrada en el mensaje del evangelio de gracia y fe en nuestro Señor Jesucristo. Esta verdad del evangelio es primaria, innegociable y por la que debe lucharse para que sea mantenida porque perderla supondría un daño irreversible para la iglesia y en últimas su fin. ¿Qué verdad quería el apóstol Pablo que permaneciese entre los Gálatas? Básicamente la verdad de la sola fe solamente en Jesucristo. Ni Pablo ni sus colaboradores accedieron a someterse a ciertos individuos; “a los cuales ni por un momento accedimos a someternos a ellos”. Esos individuos eran los judaizantes que consideraban que la fe en Jesucristo no era suficiente para la salvación, específicamente para la justificación. Algo más se requería para ello, las obras de la ley. Pablo y sus colaboradores predicaban que la justificación es solamente por fe en Jesucristo, nada más debe ser añadido a esa fe. Pablo sabía que con Cristo estaba juntamente crucificado y esa unión vital con el Cristo crucificado había sido dada no por obras añadidas a su fe, sino por la sola fe en Cristo. Ahora crucificado juntamente con Cristo ya no vivía más el apóstol sino Cristo en él y, lo que Pablo vivía en su vida lo vivía primeramente por la fe que le había unido a la cruz de Cristo (Gálatas 2:20). Un gran ejemplo de esto es que Pablo se negó a circuncidar a Tito (Gálatas 2:3). En Hechos 16:3 Pablo circuncidó al joven Timoteo mientras que el mismo apóstol sosteniendo el mismo evangelio no circuncidó a Tito ¿qué cambió? La circunstancia era distinta y el caso era individual. Tito era el ejemplo vivo que mostraba la verdad bíblica fundamental del evangelio, que la justificación es solo por la fe en Jesucristo. Tito es la señal viviente que la salvación y unión con Jesucristo no requiere más que la sola fe solamente en el Salvador. No se sometieron a esos judaizantes “para que la verdad del evangelio permanecieses entre vosotros”. Ciertamente es una verdad que debemos mantener, la sola fe solamente en Cristo. Ciertamente el evangelio reclama una vida nueva en Cristo Jesús, una vida cuyas obras son el fruto de la unión por fe en Cristo. Una vida de justicia que se vive en el proceso de santificación pero que es el fruto de la unión que por la sola fe tenemos en Cristo Jesús. No tenemos verdad tan precioso y valiosa que retener que la verdad del evangelio de Jesucristo.  
INICIO DE SEMANA
Martes  
Miércoles  
Jueves  
Viernes  
TEXTOS DE MEDITACIÓN PARA LA SEMANA
Gálatas 2:1-10
 
Romanos 4:1-25
Hechos 15:1-35
FINAL DE SEMANA
RECTAMENTE CONFORME
A LA VERDAD DEL EVANGELIO
“Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio,
dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío,
¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?”
(Gálatas 2:14)
          El evangelio es una doctrina de lengua, es decir, una doctrina que debe ser proclamada, anunciada y testificada, pero también es una doctrina de vida, el evangelio debe de ser vivido. Ahora bien, cuando se dice que el evangelio es una doctrina de vida, no solamente se está diciendo que el fruto que debe darse en la vida de aquel que ha creído la palabra de verdad, el evangelio de salvación, debe ser el fruto de la justicia y la santidad. Cuando se afirma que el evangelio es una doctrina de vida se está afirmando también que nuestras acciones y decisiones tomadas deben ser el reflejo del evangelio. Cada decisión que tomamos, cada acción que ejecutamos es el espejo que refleja a los demás el evangelio de la sola fe puesta solamente en Jesucristo. Cada decisión y acción será el libro en el que todos aquellos que nos vean leerán la gloriosa doctrina de la justificación por la sola fe en Cristo, la maravillosa verdad que no es por méritos propios sino por la sola fe solamente en Jesucristo que uno es perdonado y llevado a formar parte de su pueblo. Cada decisión y acción será el testimonio que aquel que conoce los corazones en su pueblo no hizo diferencia sino que purificó por medio de la fe los corazones. Cada decisión y acción tomada debe ser la clara evidencia de este evangelio de Jesucristo, algo que el apóstol Pedro perdió de vista y Pablo tuvo que recordárselo; “pero cuando vi que no andaba rectamente conforme a la verdad del evangelio”. No hay duda alguna que Pedro sabía que la justificación del pecador es por la sola fe en Jesucristo. Fue el mismo apóstol Pedro quien escogido por Dios abrió el ministerio de la fe a los gentiles mediante la predicación del evangelio a Cornelio y a su familia (Hechos 10). Pedro fue testigo de que antes que terminase su mensaje sobre Jesucristo y su gloriosa obra, el Espíritu Santo descendió sobre Cornelio y su familia como testimonio que por medio de la sola fe, Dios había purificado los corazones de aquellos gentiles. Nada más había sido requerido, nada más había sido impuesto, únicamente la fe en Jesucristo. Es por ello que la decisión y acción que tomó Pedro cuando algunos de los de Jacobo vinieron fue una negación de esa verdad del evangelio de la sola fe. Pedro se separó de los gentiles que habían sido salvos por la sola fe y Bernabé y otros participaron de esa “simulación” o hipocresía de Pedro (Gálatas 2:12-13). La acción de Pedro estaba negando la verdad fundamental del evangelio. Esos gentiles de los que se había apartado habían sido salvos por medio de la fe al igual que ellos. Dios había purificado sus corazones por medio de la fe y nada más Dios había requerido de ellos para perdonarlos, salvarlos y trasladarlos a su pueblo redimido. Separándose de ellos Pedro estaba actuando no “rectamente” o en consonancia a la verdad de la sola fe en Cristo ¿por qué? Porque daba a entender que los gentiles necesitasen algo más para ser salvos y verdaderamente aceptados como parte del pueblo de Dios. ¡Qué terrible afirmación la de Pedro! No lo dijo en palabras, pero lo manifestó en hechos. No lo proclamó con su elocuencia, pero lo dejó claro con su decisión. Es por ello que Pablo tuvo que decirle; “si tú siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?”. Si Pedro había sido liberado por la verdad del evangelio de todo aquello, como la circuncisión, los días de reposo, las leyes de comida, que nada aportaban a la salvación. Si podía vivir como un gentil sin estar sujeto a todos esos elementos de identidad judía, entonces ¿por qué requería de los gentiles que sí los realizasen para ser tenidos como verdaderamente aceptos por Dios? La actuación de Pedro era poner a los gentiles un yugo que ni Dios les había puesto, era una forma sutil pero terrible de legalismo que Pedro tomó la decisión de manifestar. Para él la fe había sido suficiente, pero para otros la fe no era suficiente se requería pedir algo más, imponer algo más para que así fuesen verdaderamente aceptados. ¡Cuánto cuidado debemos tener de no caer sin darnos cuenta en la decisión y acción de Pedro! Debemos tener mucho cuidado de no requerir a los demás lo que Dios no nos requirió a nosotros para ser salvos y aceptos por él en su pueblo redimido por la sola fe en Jesucristo. Podemos disfrutar nosotros de la gracia sublime que no merecíamos mientras sin darnos cuenta por nuestras decisiones y acciones negar esa gracia a otros. 
Gálatas 2:11-20