EL TRABAJO DE LA FE
PARA TODO BIEN
“Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien
que está en vosotros por Cristo Jesús”
(Filemón 6)
      Una de la verdades bíblicas y centrales en el evangelio es la justificación solo por la fe solo en Jesucristo. De todas maneras, es igualmente bíblico decir que esa fe que justifica es una fe que produce obras. Ningún creyente ha sido salvo por las obras sino por la fe en Jesús, pero todo creyente ha sido salvo para obras. La fe bíblica y que surge como don entregado por Dios a raíz de escuchar el evangelio de salvación, es una fe que debe producir obras. Ciertamente, si no hay fruto de obras en la fe muy probablemente esa fe es una fe que está muerta en sí misma, una fe que puede tener la apariencia de estar viva e incluso decir que cree a pies juntillas en el evangelio de salvación y en el Dios del evangelio, pero que al fin y al cabo, es simplemente apariencia, engaño o autoengaño. Ahora bien, posiblemente la pregunta que pueda surgir es ¿qué fruto de obras debe producir la fe genuina descrita por la Biblia? La respuesta sin duda alguna puede ser amplia pero una de las obras que debe surgir de la comunión en la fe es el conocimiento de todo bien que está en uno por Cristo Jesús. Estas fueron precisamente las palabras que el apóstol Pablo escribió de manera personal a su amigo Filemón “para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús” (v. 6).


      El apóstol Pablo escribe a Filemón que el fruto que debe producir su participación en la fe es el conocimiento de todo bien que se encuentra, no solamente en él sino también en la iglesia de la cual forma parte. En definitiva, su fe debía ser eficaz en conocer y sondear el bien que está en todo cristiano por Cristo Jesús. ¿Por qué diría algo así Pablo a su amigo Filemón? La respuesta se encuentra en entender un poco la naturaleza de la carta a Filemón. La pequeña carta que Pablo escribió junto con Timoteo, aun y cuando es una carta que primeramente esta dirigida a Filemón, en último término tiene como destinatarios a Filemón, Apia, Arquipo y a toda la iglesia de la cual formaban parte, con toda probabilidad la iglesia que se reunía en la ciudad de Colosas (Filemón vv.1-2 ver Colosenses 4:17). Por tanto, el mensaje de la carta es personal e íntimo para Filemón, pero su enseñanza no se limita únicamente a su persona sino que trasciende de la misma manera a la iglesia de la cual formaba parte. Los oídos que debían y deben estar atentos y los corazones que debían y deben estar dispuestos a obedecer, no eran únicamente los de Filemón sino también los de toda la congregación. Pablo escribió a Filemón debido a la situación de Onésimo.
Pastor Rubén Sánchez
Devocional Semanal - Pastor Rubén Sánchez
"...y le puso por nombre Eben-Ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová" (1ª Samuel 7:12)
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Señor, gracias por el don de la fe que soberanamente me entregaste. Gracias porque comparto esa fe con aquellos santos que son mis hermanos y hermanas en Cristo. Dios mío, ayúdame a que sea capaz de no perder de vista que participo en una fe común, ayúdame a que esto obre en mí el conocer todo lo bueno que tú has obrada y obras en tus santos por Cristo para que así, mi amor y fe en mi Señor sean mostrados también para con todos los santos. Amén.
MARTES

Leer:  Efesios 1:15-16

Meditar: Medita en el texto, en la exposición de la presencia de la fe y amor en los Efesios y el resultado que esto produjo en el apóstol Pablo.

Oración: Intercede delante de Dios para que la fe en el Señor Jesús y el amor para con los santos crezca en ti y en tu iglesia. Haz motivo de gratitud delante de Dios la fe y el amor que hay en los santos.


MIÉRCOLES

Leer: 1ª Tesalonicenses 1:1-9

Medita: Medita en el texto, en aquello por lo que el apóstol da gracia a Dios. Medita en cómo es conocida la elección de los tesalonicenses y en el ejemplo que fueron para otros. Medita sobre la definición de la conversión que establece Pablo.

Oración: Da gracias a Dios por el trabajo de la fe, el fruto del amor, y la esperanza en Cristo que hay en tus hermanos e iglesia. Pide que el evangelio siga llegando no solo en palabra sino también en el Espíritu de tal manera que podáis ser de ejemplo a los  que creen y Dios pueda seguir convirtiendo a muchos. 


JUEVES

Leer: Romanos 1:8-12

Medita: Medita en el texto y en la extensión de la fe de los Romanos por todo el mundo. Medita en el deseo del apóstol de ver a los Romanos y poder así ser mutuamente confortados.

Oración: Da gracias a Dios por la divulgación de la fe de la iglesia alrededor del mundo. Ora para que sea una realidad en tu congregación el poder ser confortados mutuamente. 


VIERNES

Leer: Filemón 1-7

Medita: Medita en el texto y de la importancia de entender la participación común en una misma fe dada a los santos. Reflexiona sobre la importancia de entender el bien que por Cristo Dios ha creado en nosotros para que otros puedan ser consolados.

Oración: Pide a Dios que la fe común en la que tenemos comunión como los santos sea para mostrar los unos a los otros el bien que Dios a creado por Cristo. Pide a Dios que por nuestro amor muchos de los santos puedan ser consolados.


SÁBADO

Leer: Santiago 2:14-24

Meditar: Medita en el texto y en la verdad que la verdadera fe presenta obras de amor hacia los santos. Medita sobre la verdad expuesta en el v.17 que la fe sin obras está muerta. Medita sobre la importancia que la fe genuina es una fe cuya plenitud última es producir obras de obediencia y amor.

Oración: Pide a Dios que la fe que te ha sido dada tanto a ti como a tus hermanos sea una fe que obra en obediencia a Dios y en amor a la necesidad de los santos.
      Onésimo quien había sido esclavo de Filemón había huido de la casa de su amo. Por un lado, podía ser que Onésimo hubiese robado a Filemón y hubiese huido encontrándose con Pablo en sus prisiones y llegando por medio de él al conocimiento del evangelio. (vv.10, 18). Pablo envió de vuelta a Onésimo no ya como esclavo sino como hermano en Cristo que así debía ser recibido por Filemón (v.12). Por otro lado, también pudo ser que Onésimo hubiese cometido algún error, intencional o no, que le costase dinero a Filemón lo que había causado una ruptura entre amo y siervo.
      Ante dicha situación, sabiendo que Pablo era amigo íntimo de Filemón, Onésimo siguió una de las costumbres del primer siglo. La ley romana del primer siglo hacía distinción entre un esclavo que huía de ser propiedad de su amo y un esclavo que huía a un amigo del amo, a un templo o a una imagen de un emperador romano buscando asilo. Sabiendo que Pablo era amigo de Filemón, Onésimo pudo buscar refugio e intercesión a su favor en la persona de Pablo. Sea como sea, Onésimo conoció el evangelio de Cristo a través de Pablo hasta el punto que el mismo apóstol le llamó “mi hijo Onésimo a quien engendré en mis prisiones” (v.10). Dicho cambio en la vida de Onésimo y la situación entre Filemón y Onésimo propició la pequeña carta que tenemos en el canon bíblico. Pablo escribe una carta que ciertamente es intercesora, la cual destila principios fundamentales del evangelio de Cristo de manera especial para las relaciones entre hermanos. Pablo mostrará, pedirá y no forzará con su autoridad apostólica que Filemón reciba a Onésimo como lo que ahora es, ya no más un esclavo sino un hermano en Cristo. Pablo mostrará que el evangelio ha derribado toda barrera racial y social en la iglesia de Cristo. Aun y cuando sigue habiendo diversas razas, naciones y clases sociales en la iglesia, nada de esto será determinante para recibir a los hermanos. La pequeña carta enseñará la importancia de recibir al hermano que vuelve como el hijo pródigo volvió al padre como quien es en Cristo y por lo que Cristo ha hecho en él aun y sus errores y pecados contra uno. La carta llama a Filemón y sin lugar a dudas a todo creyente a actuar en base al amor y la fe que se tiene en Jesucristo (v.6) y recibir al hermano en amor (v.9). En definitiva, la carta es una pequeña pero gran exposición de lo que Cristo hizo con todos y un cada uno de nosotros al tiempo que es una magnifica exposición práctica de que nuestro amor y fe en Cristo debe producir la obra de ser capaces de conocer todo el bien que el evangelio en su gracia a producido en nosotros para obrarlo así hacia aquellos hermanos que también son depositarios de la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Es en esto contexto general que encajan las palabras de Pablo “para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús” (v. 6)


      Pablo indica tres cosas a Filemón sobre su comunión en la fe. Primero, la comunión en la fe es para el resultado que se produzca obra de conocimiento de todo bien. Segundo, el conocimiento del bien que está en todo creyente y tercero, un bien que es producido por Cristo Jesús. El apóstol Pablo le dice a Filemón que su amor y fe hacia Cristo se extiende de la misma manera a todos los santos (v.5). Dicho amor y fe es para el propósito que dicha participación en esa fe sea eficaz (v.6). Literalmente Pablo está hablando de “tu comunión en la fe pueda producir obra”. La fe y el amor de Filemón a su Señor Jesucristo, aun y cuando era personal, nunca era de extensión o manifestación privada. Existe una comunión de los santos en una misma fe. Cierto es que nuestra fe en un sentido es personal, pero en otro sentido es comunitaria, no es una fe que fue dada a un santo sino la fe que fue dada una vez a los santos (Judas 3). Por tanto, existe una comunión en la fe del evangelio, una participación común de todos los santos en lo que Dios ha hecho en nuestra vida. En otras palabras, otros también están implicados en esa fe, otros también son parte de esa fe que en doctrina y vida nos ha sido dada como don de la gracia divina.
     Dicha comunión de la fe de Filemón debía producir obra de “conocimiento de todo bien”. Es decir, la realidad que Filemón tenía comunión en esa fe que implicaba y era compartida por otros santos debía obrar para conocer todo lo bueno. Ahora bien, dicha afirmación de “todo lo bueno” podría parecer muy amplia pero el apóstol no la deja en la esfera de la generalidad. “Todo lo bueno” que Filemón debe conocer como obra de su fe que implica comunión con muchos otros santos, es “todo lo bueno que está en vosotros”.
      Podría resultar extraña la afirmación de Pablo “todo lo bueno que está en vosotros” cuando la enseñanza bíblica es clara que el ser humano es un ser humano totalmente caído y corrompido por el pecado. De todas maneras, Pablo está hablando de todo lo bueno que hay en o en medio de aquellos que han sido redimidos. Sin duda alguna, una afirmación así solamente puede ser dicha de aquellos redimidos por Dios. Únicamente el Creador que después de haberlo creado todo afirmó que era bueno en gran manera, es aquel que puede crear todo lo bueno en un acto de nueva creación por medio de la salvación en Cristo Jesús. La participación común en la misma fe debe conllevar el conocimiento de entender todo aquello bueno que hemos recibido y que Dios ha obrado en nosotros como santos en Cristo Jesús. Sin lugar a dudas “todo lo bueno en vosotros” no habla de una bondad intrínseca sino todo aquello que brota “por Cristo Jesús”, todo aquello que surge por la persona, obra y relación íntima y continua con Cristo. Filemón debía entender que participaba de una fe común con otros santos, entre ellos estaría Onésimo, y por tanto, esa fe de la que ahora eran partícipes, debía producir en Filemón el entender todo aquello bueno que por Cristo se había producido en ellos ¿y qué mayor bondad que recibir a Onésimo como lo que ahora era, hermano en Cristo que compartía esa misma fe? ¿Qué mayor acto de “todo lo bueno que está en vosotros por Cristo” que recibir en amor a los hermanos aun y sus errores y equivocaciones?


      Lo obra de conocimiento que debía producir la fe de Filemón, es la misma obra de conocimiento que debe producirse en todos nosotros como santos en Cristo. Resulta triste muchas veces el ver como en lugar de conocer todo el bien que nuestra fe en Cristo ha creado entre nosotros, se conoce más todo lo malo que nuestros hermanos nos han podido hacer o causar. ¿Qué sería de nosotros si Cristo no hubiese vencido el mal con el bien en nuestros vidas?  Posiblemente, no hay mayor y mejor manera de conocer todo lo bueno que nuestra fe en Cristo ha producido y sigue produciendo por gracia en nosotros, que entender que nuestra fe la compartimos con otros hermanos y hermanas que igualmente han sido tocados por la gracia de nuestro Señor. Una fe que nos llama a amar y recibirnos unos a otros así como Cristo nos recibió para la gloria de Dios.